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sábado, 1 de junio de 2013

¿A dónde va Rajoy?




El Partido Popular de Rajoy ganó las elecciones por mayoría absoluta. El PSOE había entrado en un espiral de desgaste acelerado comparable a la del PASOK en Grecia. La razón es que había traspasado las líneas rojas de los consensos constitucionales con el fin de intentar tranquilizar a la banca y a los mercados financieros sacrificando derechos sociales elementales. Pero ¿qué alternativa ofrece Rajoy? Su margen de maniobra es escaso, el desempleo ha trepado hasta límites insoportables y el coste a medio y largo plazo para la derecha española podría llegar a ser impagable. ¿Qué tiene que ofrecer?


Su primer objetivo es tranquilizar a Berlín para ganar tiempo: Rajoy quiere figurar como  alumno aventajado y conservar la confianza de Merkel, de los que hoy mandan en Europa (para entender la situación en Alemania: http://transform-network.net/journal/issue-112012/news/detail/Journal/recent-developments-inside-the-eu-and-its-implications-for-european-foreign-trade-policy.html). Ya ha conseguido algunas cosas por esta vía, como es la ampliación de los plazos de devolución de deuda. Pero el coste no es pequeño. Todos los argumentos alemanes para  machacar al Sur son conjugados por Rajoy lo cual significa una enrome concesión política a Alemania: ha habido un gasto excesivo, hemos vivido por encima de “nuestras” posibilidades, la austeridad es condición necesaria para la recuperación, no nos podemos permitir un Estado del bienestar de estas características etc.  Este mensaje sirve para criticar al PSOE pero nos pone en las manos de los halcones alemanes a los que acaban dándoles una razón que no tienen en ningún caso. A medida en que pasan los meses, sólo Alemania sale beneficiada de esta tergiversación del origen de la crisis mientras el Sur se hunde un poco más en la miseria.

El Partido Popular tiene tres cartas debajo de la manga para intentar parar el desastre político que se le podría venir encima, las tres son malas y sólo sirven para hacer tiempo. 

La primera es crear un poco de empleo destruyendo un poco más, traspasando un poco más los límites de las normativas ambientales, urbanísticas, laborales, sanitarias: hacer más salvaje el capitalismo español, afear un poco más el capitalismo feo español.  La Ley de Costas es un buen ejemplo. Nada nuevo en este intento de crecer destruyendo: es la especialidad de la derecha hispana desde los tiempos del desarrollismo.  Destrucción de la cultura, destrucción de los paisajes y de las tramas urbanas, destrucción de la salud humana y de la naturaleza. El objetivo es amplíar el margen de beneficios a cambio de generar un crecimiento efímero que deja el rastro de una destrucción creciente. El sistema empresarial e inmobiliario español ha sido tan destructivo, que es improbable que se pueda destruir mucho más, al menos lo suficiente para conseguir crecer de forma reseñable.  

La segunda es forzar aún un poco más las exportaciones. Las devaluaciones salariales bloquean la recuperación del mercado interno pero hacen más competitivas las mercancías hispanas. La “marca España” es la pólvora con la que se han cargado los cañones de la nueva andadura de las empresas exportadoras. De hecho las exportaciones se han recuperado gracias al hundimiento de los salarios llamado ahora “depresión salarial”. Es la aplicación de la fórmula alemana, y cualquier cosa sirve para empujarla: el fútbol, el deporte en general, la institución monárquica y la Madre Patria. La Corona sirve para hacer negocios con las monarquías reaccionarias del Golfo y la presencia de Rajoy en la cumbre de la Alianza del Pacífico son reveladoras: abrir y abrir mercados como sea. El problema es que todos los países hacen lo mismo, todos deprimen su demanda interna y todos necesitan salir a vender marcas nacionales por el extranjero, todos intentan aplicar el modelo alemán. Pero  lo que exportan lo importan otros: un juego de suma cero como bien sabemos en Europa. Las tensiones comerciales tenderán a aumentar, los países firmarán acuerdos bilaterales deprendiéndose de los compromisos multilaterales, las devaluaciones disimuladas se sucederán una tras otra. Tampoco hay posibilidad de crecer demasiado siguiendo este camino: demasiados comensales para tan poca comida. 

La tercera tampoco es nueva: forzar la creación de una nueva clase microempresarial, producir “emprendedores” (sobre sus antecedentes:http://asteinko.blogspot.com.es/2012/07/los-nuevos-autonomos-y-la-hegemonia.html). Muchos son los que saben hacer cosas y tienen buenas ideas en este país. Sacrifican sus últimos ahorros y montan una “empresa” convencidos de que el problema está en la oferta. Pero nadie compra nada. Son pequeños productores que dependen de un mercado interno estancado, sin posibilidad de exportar. La iniciativa de los  “emprendedores” se reduce así, de facto, a un proyecto ideológico: produzcamos ciudadanos que piensan como empresas y familias, y al menos bloquearemos el avance de la izquierda, pues cuando se piensa en la pequeña parcela de los ahorrillos invertidos, no se le pide nada al Estado, se deja de pensar en el interés general y eso frena la politización y la protesta. A cambio de los servicios ideológicos prestados a Alemania se le pide a Merkel que apoye un plan para darle liquidez a las PYMES. ¿Qué saldrá de esta tercera, tal vez de la última baza antes del descalabro? Posiblemente nada. Ni los alemanes dan nada gratis, ni de nada sirve montar empresas cuando nadie compra nada. 

De todo esto Rajoy sólo ha cosechado una cosa: que los alemanes, alarmados por la perspectiva de una quiebra del sistema euro, den un poco de respiro para pagar. Sus elecciones están a la vuelta de la esquina. Ya veremos lo que sucede entonces pero es improbable que sea mucho. La única salida es conformar un bloque de países en el sur de Europa con capacidad de imponer una conferencia similar a la de Londres de 1953 que provocó la quita del 60% de toda la deuda externa que había acumulado Alemania en décadas anteriores. Aquel dinero se pidió en parte para organizar dos guerras mundiales, nada comparable al dinero que el sur pidió para crear puestos de trabajo en el ladrillo. ¿Es más legítimo endeudarse para organizar guerras que para crear puestos de trabajo? Si el sur consigue que el fantasma de esta pregunta recorra Europa, podríamos ganar. 






  


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