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lunes, 3 de junio de 2013

¿”Salirse del euro” o coalición del sur?



Está circulando un manifiesto que plantea la necesidad de salirnos del euro (“Salir del euro” en: http://colectivoprometeo.blogspot.com.es/2013/05/manifiesto-salir-del-euro.html).  Este manifiesto pretende impulsar un debate sobre la naturaleza de la Europea de Maastricht, invitar a la sociedad a abordar el proyecto europeo con más realismo que en los últimos veinte y treinta años, e impulsar  un debate estratégico sobre el futuro económico y político de la sociedad española. 

Es verdad que en estos momentos es particularmente importante que los ciudadanos de Europa reflexionen sobre cuestiones estratégicas. Sólo así podrán forzar una salida democrática y antineoliberal a la crisis. Sin embargo, la mejor forma de impulsar una discusión de este tipo, no es la formulación del problema en los términos propuestos por el Manifiesto.

Primero porque trata los problemas monetarios de forma autónoma con respecto a los problemas estatégicos y estructurales (creación de una economía sostenible y democrática etc.) no al revés. Expresado así, se crea la falsa sensación, de que un cambio monetario como el que se propone puede arrastrar por sí mismo un cambio  en el sentido esperado. Este esquema no tiene en cuenta, que una misma decisión tan trascedente como la que nos ocupa, puede tener consecuencias muy distintas dependiendo de una seride aspetos de tipo económico, social y político. Estos  aspectos son vitales para evaluar políticamente esta decisión. El manifiesto deriva una cadena de consecuencias deseables para la izquierda alternativa, directamente de la decisión monetaria en sí misma: es un problema de fetichismo monetario.

Segundo: la respuesta a una cuestión como la que planeta el Manifiesto depende del balance concreto entre los costes y los beneficios que ocasionaría la decisión de salirse del euro en las condiciones que plantea el documento. Ambas cosas deben ser puestas unas frente a las otras y discutidas en profundidad para poder tomar una decisión o adoptar un posicionamiento razonable basado en escenarios reales. El formato de un manifiesto es inapropiado para ello, ya por razones de espacio (ver, por ejemplo Michael Krätke: "Las ilusiones fatales de quienes propugnan ahora una salida de la Eurozona"). La izquierda alternativa no puede hacer abstracción de esta clase de anteposiciones razonadas entre ventajas e inconvenientes. Tampoco parece apropiado pedirle a los ciudadanos un posicionamiento en este sentido.  

Tercero: el manifiesto no tiene en cuenta muchas discusiones estratégicas que se han venido dando en el seno de la izquierda antineoliberal europea en los últimos años. Estas incluyen una descripción de diferentes escenarios económicos y políticos, la particularidad de los diferentes países, y un repaso de las ventajes y los inconvenientes de una medida de este tipo para avanzar hacia un proyecto antineoliberal. La izquierda altenativa no debería ignorar todo este acerbo. 

No puedo entrar aquí en todos los detalles que un proyecto antineoliberal tiene que tener en cuenta a la hora de lanzar una propuesta de este calado. Me voy a limitar aquí a proponer una especie de “escenario de actuación” destinado a abordar con urgencia la insoportable situación que están viviendo los pueblos del sur de Europa. La primera de ellas tendría el menor coste para ellos y permitiría avanzar más rápidamente hacia una ruptura con el neoliberalismo. La segunda tendría un coste más alto, pero en cualquier caso menor que el asociado a una salida unilateral del euro. La salida del euro, tal y como se plantea en el Manifiesto, tendría consecuencias mucho más abiertas e imprevisibles de las que se sugiere, y muchas de ellas seguramente le robarían  la iniciativa política a la izquierda alternativa. En cualquier caso, la situación es de una gran  complejidad: otra razón de peso para abordar este tema de forma sistemática e integral, para no reducirla a una cuestión económico-monetaria y polarizándola en torno a la salida o no salida del euro. 


Primera opción: la creación de un bloque de países para negociar un cambio dentro del euro  


a.) El objetivo principal de la creación de una colación de países deudores en la periferia sur es acumular poder suficiente para alcanzar dos objetivos estratégicos: 1.) forzar una renegociación de la deuda con los países acreedores y las instituciones que están a su servicio siguiendo el ejemplo de la Conferencia de Londres de 1953, y 2) forzar un cambio en las políticas comunitarias en el sentido de las propuestas por el grupo Memorándum de economistas europeos y otros colectivos similares de inspiración antineoliberal 
(http://www2.euromemorandum.eu/uploads/euromemorandum_2012.pdf). 

b.) Los países en los que se pueden producir mayorías antineoliberales significativas a corto o medio plazo son Portugal, España y Grecia (a partir de ahora PEGs). Esto se debe a factores estructurales de tipo político y económico que hemos analizado en otro lugar (http://www.cronicapopular.es/2013/03/portugal-espana-y-grecia-en-busca-de-una-salida/).  Una dinámica de cambio político en estos países podría provocar un efecto dominó en en Italia y Chipre, lo cual reforzaría el nuevo eje político  mediterráneo. 

c.) Es más difícil que este efecto dominó salpique a Alemania y a sus satélites exportadores de forma significativa, al menos a corto plazo. La Francia de Hollande se mueve en una posición intermedia de la  que no se pueden esperar iniciativas significativas, aunque sí un apoyo diplomático o una complicidad tácita para reforzar su posición negociadora frente a Alemania.  

d.) Los PEGs deberían formar lo antes posible una alianza estratégica de deudores basada en argumentos similares a los propuestos por Cuba en los años 1980 para los países latinoamericanos. Esta alianza permitiría desmontar el núcleo de la estrategia de negociación de los organismos financieros internacionales: la individualización de las relaciones entre unos acreedores agrupados y unos deudores tomados uno por uno. Generaría un poder de negociación comparable al que tuvo Alemania Federal en la segunda postguerra mundial debido a su inesperada función geoestratégica en el contexto de la Guerra Fría.

e.) Los países acreedores y los organismos internacionales controlados por ellos, van a intentar romper esta alianza. Pero si no consiguen hacerlo, es improbable que arriesguen una ruptura del euro debido a su fuerte dependencia de una moneda devaluada: la Alemania del centro-derecha no va a rescatar voluntariamente al sur -y probablemente tampoco una hipotértica Alemania de centro-izquierda- si no cambia la correlación de poder entre el norte y el sur del Continente.  Pero Alemania va a evitar por todos los medios que el sur se ahoge, aunque siempre rescatándolo justo antes de su colapso, y siempre para dejarles a los PEGs de nuevo al borde de la inanición (ver por ejemplo: http://transform-network.net/journal/issue-112012/news/detail/Journal/recent-developments-inside-the-eu-and-its-implications-for-european-foreign-trade-policy.html). Esta dependencia de Alemania de un euro no sobrevaluado, es otra importante baza negociadora del sur frente al norte


Segunda opción: la ruptura del espacio euro y la creación de un bloque monetario mediterráneo

f.) La primera estrategia sólo será convincente si existe un plan B. El plan B, que podría ponerse en marcha en caso de que fracasara el plan A, es la creación de un bloque monetario en el Mediterráneo basado, o bien en la conformación de una serpiente monetaria entre las tres monedas nacionalizadas al mismo tiempo, o bien en la creación de una nueva moneda única (eurosur). Esta estrategia tendría un coste bastante superior a la anterior y está unida a un sinfín de riesgo. Sin embargo los tres (o cuatro) países mediterránedos podrían abordar en mejores condiciones  el coste de su salida repentina de una moneda fuerte. Esto no tanto o no sólo por sus consecuencias económicas inmediatas, como por el poder de negociación  en los foros políticos y financieros internacionales. 

g.) El nuevo espacio monetario -al que podría adherirse Chipre- debería inspirarse en mecanismos de cooperación entre sus bancos centrales; debería someter su territorio a un estricto control de capitales, su sistema financiero debería ser sometido a una estricta regulación y debería valerse, además, de los recursos financieros, diplomáticos y geoestratégicos para romper el probable bloqueo al acceso a los mercados financieros por parte de los países acreedores.  Las relaciones con América Latina, con África y con Rusia, así como la baza geoestratégicas mediterránea, podrían ser importantes. La acumulación de poder de negociación seguirá siendo esencial pues es probable que las oligarquías de los PEGs enfrentadas a este proyecto -las mismas que han arrojado a sus países a la actual situación- cuenten con la complicidad de los países acreedores y los organismos financieros internacionales.  

Esta propuesta es un simple esbozo de hoja de ruta. Para materializarla habría que: 

A.) convocar un grupo mediterráneo de expertos para explorar estos escenarios, su viabilidad política y una hora de rota para ponerlos en marcha;
B.) colocarla en la agenda central de la opinión pública de todos los países europeos, incluidos y sobre todo, de Alemania y Francia; 
C.) crear amplias alianzas internas en torno a objetivos de “salvación nacional” o de “defensa de la democracia” con capacidad de aislar a las oligarquías de los PEGs
D.) establecer puentes de comunicación y de cooperación con posibles aliados dentro de la Unión Europea (sus clases asalariadas, los profesionales urbanos no identificados con el neoliberalismo etc.) 
E.) explorar a gobiernos y países no europeos que pudieran ver este proyecto con simpatía. 


Madrid mayo de 2013

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