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martes, 28 de junio de 2016

Unidos Podemos: qué ha salido mal

La candidatura unitaria Unidos-Podemos con sus diversas confluencias territoriales no ha cosechado más votos que la suma de los votos de las organizaciones que concurrieron por separado el 20-D. Por el contrario ha perdido un 3,23% de apoyos sobre el total de votos emitidos, un porcentaje  similar al del aumento de la abstención  que asciende al 3.36. El PSOE no ha cosechado un resultado brillante (apenas sube un 0,7%) pero este ha sido suficiente para evitar el sorpasso. El Partido Popular ha incrementado su apoyo en 4,3%, sólo una parte del cual a costa de Ciudadanos que no ha perdido sino el 0,9% de los votos. Todos los partidos independentistas, con Bildu a la cabeza aunque con la excepción de Esquerra Republicana que sigue ganando posiciones a costa de Convergencia, han perdido apoyo electoral. En definitiva: se ha escapado  una oportunidad histórica de impugnar las políticas neoliberales en España y de conformar un bloque de países en el sur de Europa con capacidad de forzar un cambio de las políticas de austeridad en Bruselas (ver http://asteinko.blogspot.com.es/2015/01/del-altantico-al-mediterraneo-portugal.html). Este hecho es particularmente importante pues el Brexit ha generado inseguridad entre las élites comunitarias, inseguridad que abre un período de cambios de final incierto. 


Lo más intrigante de estas elecciones es que los resultados se alejan de forma significativa de lo vaticinado por todos los sondeos, incluidos los realizados a pie de urna inmediatamente después de que los ciudadanos emitieran su voto. La situación ha creado tal inseguridad que nadie se atreve aún a dar una explicación de lo que ha sucedido. Para avanzar en esta explicación hay que tener en cuenta, al menos, cuatro aspectos. (1) La estrategia seguida en relación con la formación de gobierno por parte de Pedro Sánchez y Ciudadanos no ha sido acertada. (2) Unidos Podemos han subestimado el poder del PSOE absteniéndose de incorporar y visibilizar un claro referente socialista dentro de sus listas con el fin de atraer una parte del voto identitario del PSOE. (3) En tercer lugar Unidos Podemos no disponen fuera de Cataluña, Euskadi y Navarra de un proyecto claro y palpable para la creación de un Estado solidario multinacional y multilingüe. (4) Unidos Podemos podrían haber caído, por fin, en una especie de trampa tendida por los clientes que han encargado los sondeos electorales con el fin de despertar a los electores más asustadizos.  El Brexit podría haber tenido un efecto similar. Ambas cosas explicarían la diferencia entre el aumento de los apoyos al PP y la disminución de los apoyos a Ciudadanos.  

(1) El intento de formación de un gobierno con Ciudadanos por parte de Pedro Sánchez situó a Podemos frente a la encrucijada de apoyarlo de forma pasiva -absteniéndose en las investidura- o bien votando en contra de dicha investidura. La dirección de Podemos decidió no apoyarlo, lo cual llevó a la repetición de las elecciones. El cálculo de Podemos en ese momento era que la suma entre Podemos e IU llevaría al sorpasso en una segunda ronda electoral arrebatándole al PSOE la hegemonía de la izquierda. La otra opción para Podemos era abstenerse en la investidura para que Pedro Sánchez pudiera gobernar con Ciudadanos, un gobierno que tendría que abordar las políticas de austeridad impuestas por Bruselas sufriendo un previsible desgaste. En ese momento Podemos, en alianza con  otros partidos de la izquierda-mosaico, podría haber forzado un adelanto electoral con las encuestas a su favor. Habría sido el sorpasso pero en dos fases y con tiempo para preparar un reemplazo consistente al gobierno neoliberal de centro. El resultado electoral apunta a que la dirección de Podemos tomó la decisión equivocada. 

(2)  Unidos Podemos no ha desarrollado una estrategia destinada a explorar de forma sistemática las zonas y ambientes políticos -sobre todo localidades medias y pequeñas- en las que el PSOE conserva una reserva importante de votos. La teoría del “desbordamiento ciudadano”, que ha funcionado en parte en las grandes ciudades y que sugería la posibilidad de un sorpasso recurriendo solamente a los discursos electorales, no ha sido suficiente. La razón es que, si bien existe una crisis del sistema de partidos, esta  no es comparable a la que se dio en los países latinoamericanos.  En vez de darle visibilidad y protagonismo a los espacios de los socialistas disidentes como Alternativa Socialista, se ha intentado reforzar el referente socialista de la coalición recurriendo a personas que nunca han sido socialistas. De esta forma la coalición ha subestimado la importancia del factor identitario entre una parte del electorado socialista. Esto ha facilitado el rearme identitario del PSOE, sobre todo en algunas provincias andaluzas dónde el voto socialista o se ha mantenido o, incluso, ha aumentado como en Córdoba, Málaga o Cádiz. Nuestra reiterada insistencia en este asunto (por ejemplo  http://asteinko.blogspot.com.es/2016/03/dos-flecos-sueltos-la-hegemonia-en-la.html) ha caído en saco roto. 
  
(3) La indefinición de la propuesta de configuración estatal-territorial, que lleva a plantear el  “derecho a decidir” de forma intransitiva (paradigmática aquí la posición de Vicenç Navarro) ha apartado a una parte de los electores de Unidos-Podemos, especialmente en Madrid, en las comunidades con la renta per capita más baja y también en el País Valenciano  donde la dinámica independentista en Cataluña es vista en parte con recelo debido a su vinculación a una suerte de neoexpansionismo catalán a algunas zonas del antiguo reino de Aragón.  Pero esto no ha sido así en aquellas zonas del Estado donde la población ya vive en un entorno con una identidad plural y bilingüe que permite superar los asfixiantes enfrentamientos identitarios entre españolistas e independentistas y encauzar un nuevo proyecto identitario compartido y solidario. En estos territorios Unidos Podemos y sus confluencias han conseguido o bien mantener los resultados del 20-D como en Cataluña, o incluso mejorarlos ligeramente en Euskadi (+0,18) y, sobre todo, en Navarra (+1,23). En Galicia, las pérdidas de votos han sido menores que la media del Estado y en el País Valenciano  están ligeramente por encima de dicha media probablemente debido al factor señalado (-2,89 y -3,89 respectivamente). En general el voto independentista ha disminuido en Euskadi y Navarra, y en Cataluña se ha redistribuido entre Convergència y Esquerra. El que las confluencias en estos territorios hayan salido reforzadas abre la puerta a un proceso esperanzador de refundación identitaria y territorial de todo el Estado que permitirá plantear el “derecho a decidir” de forma transitiva. Por ahora ese proyecto no se ha puesto en marcha, lo cual seguirá creándole inseguridad a una parte del electorado potencial opuesto al neoliberalismo.

(4) Se puede especular razonablemente sobre la posibilidad de que los que han encargado las encuestas electorales le hayan pedido a las empresas de demoscopia que sobrerrepresenten en su muestra a aquellos territorios en los que Unidos Podemos tienen más apoyos electorales. El objetivo podría ser movilizar a los electores más conservadores, incluidos a los electores socialistas que no simpatizan con Podemos utilizando el argumento del miedo. Dado lo ajustado de los resultados sería suficiente con que este mensaje calara en una parte pequeña de estos electores para alcanzar los objetivos. Si fuera así, la estrategia habría dado resultado. En en un sentido similar -movilizar al votante potencialmente asustado- habría actuado el resultado del referendum del Brexit. El carácter imprevisible de las consecuencias de esta consulta podría haber asustado a una parte de los electores sobre las consecuencias, también imprevisibles, de una “consulta” intransitiva tal y como la ha venido planteado Podemos en los últimos meses como propuesta de solución al problema nacional. 

Es de suponer que el nuevo gobierno va a ser relativamente inestable, sobre todo si cumple con los imperativos impuestos por Bruselas. Pero es probable también que Bruselas le de un respiro a los países de la periferia debido a la situación creada por el Brexit y con el fin de evitar más inestabilidad dentro de la Unión Europea. Por otro lado el deseo de Escocia de repetir el referendum puede darle de nuevas alas al independentismo tensando así de nuevo la cuerda identitaria tal y como desean los independentistas para los cuales el triunfo del PP es una noticia esperanzadora. Esta situación debería obligar a acelerar la concretar el proyecto creación de una nueva coexistencia territorial basada en los principios de la solidaridad, el plurilingüismo y la multiculturalidad: Cataluña, Euskadi, Navarra, Galicia y el País Valenciado, y que suman más del 40% de toda la población del Estado, son realidades que apuntan ya en esta dirección. El dilema aquí es si el proyecto es de tipo federal (mantenimiento de cajas comunes de la Seguridad Social etc) y solidaria, o de tipo confederal y neocompetitiva como proponen las derechas “autonomistas” catalana y vasca. La apuesta de la izquierda debe ser la primera y no la segunda, la misma que propone para el conjunto de Europa: una asociación libre y solidaria entre iguales con vocación de poner en marcha un proyecto de democrático de convergencia apoyado en las ventajas que aporta la  diversidad en un mundo abierto, con recursos limitados y cada vez más complejo e interdependiente. 



    


  

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