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viernes, 11 de marzo de 2016

Los dos flecos que quedan sueltos: la hegemonía en la izquierda y el problema nacional


Podemos está cerca de romper el bloqueo neoliberal que atasca a la sociedad española. Tomando el rodeo del discurso de la casta y difuminando el frente izquierda-derecha, ha conseguido envolver por detrás a la hegemonía de los grandes poderes que se sentían cómodos con los viejos, conocidos y previsibles rivales que tenían delante. Es una maniobra de la que se dieron cuenta tarde dichos poderes -también la propia izquierda- que posiblemente haga escuela en otros países. Sin ella no habría sido posible sobrepasar el 20% de los votos y aspirar a acercarse al 25% para erosionar los ejes del poder neoliberal que amenaza con destruir todas las conquistas de la segunda postguerra mundial en los países occidentales. Podemos trae una psicología de maquinaria engrasada para tomar el poder fraguada con saberes acumulados a lo largo de dos generaciones de enseñanza superior  que un sistema empresarial autocrático y poco innovador no necesita para construir su  capitalismo feo. Ahora estos saberes se han canalizado hacia la transformación social: hace tiempo que venimos comentando el potencial de revulsión que contiene esta brecha entre cualificaciones y ocupaciones que viene aumentando desde 1990 y que  estalló políticamente en 2010(1). Hay dos flecos que Podemos necesita rematar para alcanzar su objetivo: (a) acabar de superar al PSOE en votos y hegemonía dentro de la izquierda y (b) elaborar una estrategia propia para abordar el problema nacional.  

(a) El diagnóstico era que el PSOE iba a seguir el camino del desplome del  PASOK griego y que una marea suficiente de voto progresista iba a acudir de forma espontánea hacia Podemos. Esto sólo ha sucedido en parte. Habría sido necesaria una estrategia más elaborada, menos confiada en el automatismo del desplome apoyada en una sociología política fina para explorar la complejidad del voto socialista. El problema del primer fleco es el de los municipios pequeños y sus zonas de influencia periurbana donde el voto progresista sigue compactado en torno al PSOE. Se debe, por un lado, a la actitud reticente de ese electorado a experimentos discursivos como los de Podemos que entran mejor en las ciudades grandes y los profesionales urbanos. Por otro, se debe a la importancia del elemento identitario en la cultura política de muchos votantes del PSOE, cultura que sigue unida a los conflictos y las representaciones políticas del siglo XX y que incluye el fordismo, la Edad de Oro de la socialdemocracia europea.
Para rematar el primer fleco Podemos tiene que explorar en serio el voto socialista en sus zonas blancas y tomar nota de la federación Alternativa Socialista (http://cli-as.org) en la que se están reagrupando los socialistas disconformes que reúnen justamente este perfil. Sus miembros conservan contactos personales con militantes que aún están en el Partido y tienen una  cultura “made in siglo XX” que comunica de forma natural con los votantes del PSOE. Por ahora Podemos ha tocado techo en su crecimiento a costa del PSOE e intenta compensarlo atrayendo el voto nacionalista de izquierdas. Pero el beso con Domenec se inscribe en el desbloqueo del segundo fleco (ver abajo) que no en el del primero que son precisamente las zonas blancas. Los socialistas que se están agrupando en Alternativa Socialista traen una cultura identitaria similar a de sus antiguos compañeros, son de convicciones antineoliberales y se incorporarían a una izquierda mosaico con este y otros partidos siguiendo el ejemplo exitoso de las municipales. Izquierda Unida fracasó en las europeas por no tomárselos en serio, lo cual acabó en la  eclosión de Podemos a costa del PSOE y de la propia IU. Se adelanten o no las elecciones no debería cometerse el mismo error: no sólo es necesario tener en cuenta a AS sino que, además, es esencial darle toda la visibilidad posible. 
Intentar reunir más voto socialista cooptando caras mediáticas no parece suficiente. La cultura política del país ha cambiado y las caras se desgastan ahora tan rápido como se construyen. A estas alturas, los profesionales urbanos que no comulgan con el PSOE ya le han retirado su apoyo y si algunos, convencidos por Pedro Sánchez, regresan a él en una próxima contienda electoral no van a dejar de hacerlo porque alguna cara conocida se pase a estas alturas a Podemos. En definitiva, las escaramuzas que se jueguen fuera de las zonas blancas no son suficientes para rematar este primer fleco: hay que ir al grano. 

(2) El segundo fleco que necesitan rematar las fuerzas antineoliberales lideradas por Podemos está relacionado con la agenda nacional. Ningún proyecto de cambio antineoliberal va a prosperar si no consigue estructurar la dialéctica entre cuestión social y cuestión nacional con un guión propio: el automatismo independencia-emancipación social es una ficción política en un país capitalista desarrollado a principios del siglo XXI pues las dinámicas neoliberales de fondo empujan en sentido contrario, hacia la fagocitación de la segunda por parte de la cuestión nacional: el reciente episodio del voto de las CUP en Cataluña es sólo un ejemplo más (ver http://asteinko.blogspot.com.es/2016/01/son-compatibles-la-agenda-nacional-y-la.html). Podemos, con un guiño puesto en su expansión política en Cataluña, Euskadi y Galicia, ha puesto en su programa el tema del “derecho a decidir”. Está bien, pero este guión sólo se insertará en un proyecto antineoliberal si se incorpora a una hoja de ruta propia y federal sacándolo de forma explícita de la independentista. Si Podemos no lo hace le sucederá como al PSC, a Iniciativa per Catalunya y a Esquerra-Unida i Alternativa que quedaron troceadas en dos almas y acabaron succionadas por la dinámica nacional. Una agenda propia en este asunto se resume en dejar de plantear dicho derecho de forma intransitiva -“decidir” en abstracto- para hacerlo de forma transitiva: que la ciudadanía “decida” algo concreto: la opción federal que se propone.  
El éxito de las candidaturas plurales de Podemos en Cataluña, el País Valenciano, Euskadi, Navarra y Galicia, en parte a costa del voto independentista, abre una oportunidad única para vincular el ”el derecho a decidir” a la construcción de un nuevo país de países, de una nueva nación heterodoxa de naciones heterodoxas ellas mismas dejando atrás los bloques identitarios de la actualidad y la vocación territorialmente competitiva que le son propios en la actual tesitura neoliberal. Tiene que incluir la construcción de una identidad NUEVA basada en los valores de la solidaridad no sólo hacia dentro de las naciones, sino también entre territorios y naciones; tiene que pasar por la preservación de identidades diversas y la construcción de una nueva y compartida bañada en un mar multilingüe que abarque todo el Estado. Está por ver si tiene que ser necesariamente republicana -probablemente sí- pero lo que es seguro es que tendrá que dejar atrás cualquier conexión con el (post)franquismo, con la idea de España Única e incorporar a sectores muy amplios de la sociedad a ambos lados del Ebro y del Duero (http://asteinko.blogspot.com.es/2014/02/multilinguismo-y-recomposicion.html).
Manejar el segundo fleco en las actuales circunstancias exige de una meticulosidad superior. No fue una buena idea transformar el “derecho a decidir” en línea roja antes de la negociación conociendo las preferencias del PSOE por el centro político y la dependencia de Pedro Sánchez de los barones con convicciones felipistas (http://asteinko.blogspot.com.es/2015/12/el-comite-federal-que-no-resolvio-nada.html). Tal y como se formuló aquello se parecía demasiado a la agenda intransitiva de los independentistas y era previsible que el problema, formulado así,  le arrojaría a Podemos a los brazos del centro-derecha. En realidad son los independentistas los que juegan un doble juego con meticulosidad superior pues han modelado la expresión “derecho a decidir” al gusto intransitivo de los demócratas-en-general a pesar de que, en realidad, la expresión tiene para ellos un contenido transitivo muy claro pues su opción es la de la independencia, haya o no mayorías suficientes para conseguirlo. Hay que poner fin a este doble juego y poner encima de la mesa el “derecho a decidir” no en abstracto sino después de consensuar una opción federal con capacidad de reunir el apoyo mayoritario, opción entre la que los ciudadanos deben tener el derecho a decir no sólo frente a lo que tenemos ahora versus independencia, que es lo que quieren los independentistas. En el caso de que Pedro Sánchez cambiara a Ciudadanos por Podemos como socio, pero también en el caso de que se adelantaran las elecciones, habría que trabajar a toda velocidad para elaborar una hoja de ruta propia en el tema nacional. Una segunda operación de envolvimiento  podría despejar el camino hacia el desbloqueo que necesita este país de países. 



Notas


(1) A. Fernández Steinko:  Espagne: capitalisme des propriétaires fonciers á la recherche d´un aménagement du néoliberalisme, en: Classes sociales: retour ou renouveau? Forum europeén  de confrontations. Syllepse, Paris 2003 y A. Fernández Steinko: Izquierda y Republicanismo: el salto a la refundación. Madrid, Akal 2010.

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