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miércoles, 2 de octubre de 2013

Crear capacidades productivas usando recursos endógenos


Presentado en:  

Left European Industrial and Economic Policies:
New Models of Production and socio-ecological Transformation.
For a cooperative European Division of Labour
Bruselas Octubre 2013

Introducción 

Las condiciones de la incorporación de España, de Portugal y de Grecia al proyecto europeo no son comparables con las de los países fundadores. A diferencia de Italia, el cuarto país del sur cuyas estructuras sociales y culturales pueden resultar comparables con las del resto de los países mediterráneos, el proceso de modernización o liquidación de sus respectivos sectores tradicionales fue mucho más rápido y estuvo comparativamente poco acompañado por medidas reguladoras. Esto les dio menos tiempo de adaptación a lo que en la década de los años 1980 ya era un espacio económico altamente desarrollado y firmemente insertado en el bloque militar y político nordatlántico. Esta realidad explica muchas similitudes que hoy se dan entre estos tres países en el plano económico y social. Se reflejan, además, en una cierta sincronización de los ciclos políticos, que incluye el peso electoral de la izquierda alternativa, y aconsejaría una colaboración más intensa en el análisis de problemas comunes.


En el caso de España, este proceso fue particularmente rápido y “radical” debido a la evolución ideológica de las élites franquistas y postfranquistas,  así como como a la temprana conversión del PSOE al socialliberalismo, aunque también influyeron otros aspectos particulares como la lucha armada de ETA. Todo ello facilitó el pacto para forzar una transición no rupturista y la creación de una gran coalicion de facto en temas económicos y productivos. Este ambiente explica la continuidad del régimen en dos temas clave altamente relevantes para comprender su sistema productivo: el derecho societario y la regulación de la propiedad del suelo.

A pesar de que la consitución de 1978 incluye el derecho a la participación de los trabajadores en la empresa y el derecho a una vivienda, y  antepone el interés general a la especulación con el suelo[1],  esto no se tradujo en un cambio en el modelo productivo ni en una reducción de los derechos de la propiedad privada sobre el suelo heredados del franquismo. Mientras la sociedad se democratizaba y se ponía en marcha un sistema fiscal progresivo para financiar un Estado del Bienestar políticamente impostergable, los gobiernos democráticos se abstuvieron de prácticar políticas industriales activas, de forzar un nuevo derecho societario,  implementar nuevas culturas empresariales y de desarrollar políticas de vivienda y de ordenación urbana más basadas en el interés general.   Todo ello habría generado un modelo productivo más  sostenible, menos destructivo con el mediambiente, con mercados de trabajo internos más desarrollados y con más capacidad de crear y estabilizar el empleo, de adaptarse a los cambios tecnológicos de las décadas siguientes.

En este contexto, y con el fin de financiar un Estado del Bienestar, los sucesivos gobiernos de centro-izquierda y de centro-derecha fueron cayendo en una dependencia creciente de los mercados financieros y del poder de los grandes grupos inmobiliarios. Los  primeros permitían finanzarlo  con gasto público una vez asegurada la permanencia del país en el bloque atlántico. Los segundos creaban empleo aunque a costa de una destrucción ambiental sin precedentes y de alimentar una burbuja especulativa con una gran capacidad de generar prácticas corruptas en las administraciones locales. La creciente dependencia de los intereses financieros, fuertemente unidos a los inmobiliarios, permitieron reflotar así el poder político de las oligarquías rentistas, de los “inversionistas  sin función” (J. M. Keynes). No es posible entender la particular virulencia de la crisis de 2008 -alto desempleo, crisis inmobiliaria, erosión de la legitimidad política, problema nacional etc- sin tener en cuenta estos factores. ¿Cómo crear un modelo productivo en este contexto?  


1. Modernización industrial y reconversión productiva basada en el uso de recursos endógenos


A pesar de que el precio del dinero viene cayendo a largo plazo desde el siglo XIX, la actual política de las autoridades europeas, que sólo liberan liquidez prestándosela a la banca privada a bajo interés mientras esta se refinancia elevando el precio de los créditos concedidos a los Estados y los particulares, los recursos financieros se han hecho escasos y caros en España. Muchas empresas potencialmente solventes y competitivas han tenido que cerrar por falta de crédito lanzando al desempleo a miles de personas. A esto se suma la desvalorización de activos inmobiliarios que servían para respaldar balances empresariales y endeudamiento familiar, lo cual ha provocado la quiebra de muchas empresas y la ruina de muchas familias. españolas. Hoy, el sistema financiero español está al servicio del reflotamiento de las instituciones financieras y no al servicio de la creación de tejido productivo sostenible y empleo. No hay perspectiva de que cambien estas políticas europeas a corto plazo, especialmente tras el cambio electoral en Alemania ¿Qué puede hacer el sur de Europa aquí y ahora para, al menos, suavizar la gravedad de la situación? Nuestra propuesta es la siguiente: los países de la periferia europea tienen que echar mano de sus propios recursos. Para ello deben aprender a identificarlos y su potencial productivo, así como arracimarlos para impulsar una dinámica de creación de empleo social- y ambientalmente sostenible. 

Porque no todo ha sido destrucción. Treinta años de Estado del bienestar han generado una fuerza de trabajo altamente cualificada y motivada. La inversión estranjera ha traido a España procedimientos organizativos de última generación, tecnologías punteras, servicios especializados e inversiones en capital fijo demandantes y al mismo tiempo generadoras de una “inteligencia colectiva” (general intellect: Marx) que nunca habían existido antes. Los viajes han abierto el horizonte cultural y cognitivo de las dos últimas generaciones y la masiva incorporación de la mujer al mercado de trabajo, así como la democratización general de la sociedad, ha creado las condiciones para la transformación de la cultura empresarial, la reducción de niveles jerárquicos, en definitiva, para la demoratización de la actividad productiva. El mercado interior español suma más de 40 millones de consumidores y las relaciones de España y Portugal con América Latina y Áfica tienen un fuerte potencial de desarrollo al margen de los acuerdos firmados por la Unión Europea. Y a pesar de la enorme destrucción producida por el moderlo de modernización español se han preservado muchos activos tangibles e intangibles que ya no existen en sociedades capitalistas más desarrolladas.

En este conteto la cuestión clave para España, y para el resto de los países de la periferia europea, es la identificación y el aprovechamiento de dichos recursos para la creación de un empleo de una mínima calidad, preferentemente local, en el marco de una reconversión social y ambiental y fuertemente orientado a la satisfacción de necesidades sociales no cubiertas.  Dada la escasez de recursos financieros, el elevado  desempleo y debido también al hecho de que la mayoría de los recursos giran alrededor de las personas y sus relaciones sociales (“capital humano”) la (re)combinación productiva de dichos recursos tendrá que ser más intensiva en trabajo que en capital. Esto potenciaría su efecto multiplicador sobre el conjunto de la economía por unidad de capital invertido, colocaría a las personas y la organización en el centro de las estrategias productivas, y obligaría a hace un uso pragmático de la tecnología basado menos en su carácter “novedoso”  que en su eficiencia definida ahora de forma más global.  Los principales destinatarios no son tanto los mercados internacionales como los espacios económicos locales, si bien no se puede descartar la posibilidad de una expansión exterior parcial.

2. ¿Qué entendemos por “recursos”?

La palabra “recursos” ocupa un lugar central en el debate mediambiental pero, cada vez más, también en el campo de la sociología, de la economía o del management (“capital social”, “capital humano”, “capital intelectual”). Instituciones internacionales como el Banco Mundial, economistas heterodoxos y sociólogos del trabajo vienen llamando la atencion sobre su importancia, por ejemplo  para comprender el diferente efecto económico y productivo que puede tener una misma unidad de capital invertida dependiendo del espacios cultural, social y humano en el que este se haya producido. Aquí, siguiendo la discusión internacional de los últimos años, manejamos una noción amplia de esta palabra que incluye aquellos creados a lo largo de la historia sociocultural de las sociedades: de las empresas, en el interior de los espacios privados y comuntarios, estén o no insertados en formas mercantiles de interacción social. De la misma forma que los recursos naturales, también estos pueden sufrir un desgaste por encima de su tasa de reparación pero, a diferencia de los aquellos, su uso no sólo los puede desgastar sino que también los puede preservar, incluso incrementar. Los que interesan aquí son aquellos potencialmente transformables en nuevas actividades productivas,  que han sido generado de forma endógena o que, una vez adquiridos de fuera, han perdido su valor de adquisición a causa de la crisis, del cambio sectorial o del fracaso de una determinada inversión. Se pueden ordenar en varios grupos en función de al menos, tres criterios: por los espacios en los que fueron creados, por su valor económico o no y por el efecto de su consumo.

            Tabla 1: Recursos agrupados según diferentes criterios
1. Por los espacios de generación
Espacios tradicionales
Redes familiares y comunitarias
Tradiciones populares
Semillas y cultivos
Tecnologías y procedimientos
Confianza y crédito
Cultura democrática tradicional

Espacios modernos
Cualific.adquiridas en empresas en quiebra
Cualific. adquiridas en sistemas de enseñanza
Redes de comercialización
Confianza y crédito
Experiencia internacional
Cultura democrática moderna
2. Por su valoración
No vaporables económicamente (r.“intangibles”)
culturas empresariales y comunitarias
acerbo cultural, natural y paisajístico
grupos de trabajo y redes de comunicación
recursos organizativos (“orgware”)
Cualificaciones informales
confianza y crédito
cultura democrática
Valorables económicamente
Cualificaciones regladas
Tecnologías desaprovechadas
Patentes
Cartera de clientes
Solares y construcciones desaprovechadas
3. Por el efecto de su uso
Se destruyen o desgastan con un determinado uso
Ciertos recursos naturales
Territorio-costas
Salud humana
Paisaje natural y cultural

Se preservan o aumentan con un determinado uso
Fuerza de trabajo
Acerbo cultural
Cualificaciones teóricas y prácticas
Redes y contactos sociales
Confianza y crédito
Paisaje natural y cultural


2.1 Por espacios de generación

 Los países centrales del capitalismo europeo se han “modernizado” a lo largo de un período relativamente largo de tiempo: sus sectores tradicionales han sido casi totalmente “colonizados” por el sector capitalista-moderno (Rosa Luxemburg). Sin embargo, en el sur de Europa perdura aún un tejido tradicional importante, casi siempre mezclado con formas de vida modernas basadas en la condición asalariada, estructuras formal-burocráticas y formas de consumo de productos fabricados en masa en plantas cada vez más eficientes y distantes. Las sociedades europeas que accedieron más tarde a la modernización  capitalista siguen siendo, de una forma o de otra, aún “sociedades duales” a pesar de que la construcción de sistemas de comunicación -muchos financiados con dinero europeo- y la eliminación de toda clase de barreras formales e informales destinadas a fomentar la libre circulación de mercancías y de capitales, ha acererado el proces de “colonización capitalista” del sur. Aquí conviven, por tanto, a.) los espacios aún tradicionales, preferentemente no urbanos, muchas veces sumergidos o no declarados e históricamente en retroceso, muchos de ellos en estrecho contacto con una naturaleza que apenas da ya para vivir debido a las políticas agrícolas nacionales y comunitarias; b.) los espacios “modernos” preferentemente urbanos y comprativamente bien regulados que aumentan con el crecimiento económico y la modernización administrativa y c.) un océano social intermedio a caballo entre los dos que tiende a aumentar con la crisis y a disminuir, aunque cada vez menos, con el crecimiento económico.  Los dos primeros generan y han generado recursos de naturaleza distinta. 

 2.1.1 Espacios  naturales y tradicionales

Ni la modernización fordista ni menos aún las condiciones de incorporación de España a la Unión Europea ha permitido “modernizar” o adaptar muchos recursos generados por la historia natural y sociocultural del país a un desarrollo industrial autocentrado, es decir, basado en la movilización de recursos generados endógenamente y adaptados a las formas de vida y de consumo propias.   Todo lo contrario: la ideología del desarrollismo de los años 1960 y 1970, la ausnecia de políticas industriales a partir de la crisis de 1975, la introducción de normativas y requisitos técnicos europeos imposibles de cumplir a corto plazo, la mayoría dictadas por los lobbies exportadores de los países centrales, así como la política comunitaria de infraestructuras destinada a romper los circuitos económicos locales y   conectarlos con los grandes fabricantes europeos se han traducido en una  destrucción masiva de recursos nacidos en los espacios tradicionales.

Sin embargo, el acceso tardío a la modernidad capitalista ha preservado amplias extensiones de terreno de su colonización económica y hoy tiene España una de las superficies más importantes de parques naturales, de zonas de “Red Natura” y uno de los porcentajes de endemismos más importantes de Europa. La precaridad de los sistemas institucionalizados de bienestar en los países del sur, la fuerte presión competitiva de los grandes productores del norte y la propia lógica de la vida cotidiana ha preservado  las redes tradicionales de socialización (familia nuclear y extensa, relaciones comunitarias y de vecindario etc.) de su destrucción. Todo lo contrario: han resultado ser altamente funcionales para el mantenimiento de la cohesión social, para la sostenibilidad de una parte de los  sistemas productivos locales  y, en definitiva, para hacer frente a la rápida exposición de sus sociedades a la economía neoliberal internacional. La individualización y la economización de las relaciones sociales propias del neoliberalismo se han podido mantener a raya gracias a la preserpvación de este tejido (comunismo familiar, empresas privadas o cooperativas organizadas alrededor de redes familiares y comunitarias, redes sociales locales muy tupidas etc.), tejido que los gobiernos conservadores no han dudado en apoyar combinando dicho apoyo con políticas radicales de liberalización conquistando así mayorías parlamentarias imporatntes.  Algunas comarcas de Andalucía, de Extremadura y de Canarias con tasas de desemplo por encima del 30%  serían hoy socialmente irrespirables si no fuera por la preservación de estas estructuras. 

Muchos de los recursos generados en estos espacios  pueden resultar hoy funcionales para la recomposición de un (nuevo) tejido producto: generan confianza y “crédito”, mejoran la comunicación, facilitan la cooperación, suavizan los efectos destructivos del mercado., pueden ser una fuente inédita de conocimientos, de estrategias productivas y de procedimientos organizativos o proponen sistemas de conexión sociedad-naturaleza altamente sostenibles. La adaptación de muchos saberes hacer tradicionales, por ejemplo, ha servido históricamente para crear sistemas productivos tecnológicamente.  

Como guía turístico una agencia me pidió en los años 1980 que acompañara a un pequeño grupo de ingenieros japoneses interesados en localizar hornos tradicionales para la fabricación de grandes tinajas de barro utilizadas para la vinificación. Dichos ingenieros estaban muy interesados en tomar contacto con alfareros tradicionales porque los conocimientos científico-técnicos especializados eran insuficientes para la manejar los procesos de cocción de grandes masas de barro en hornos industriales sin arriesgar su cuarteamiento. El elemento crítico era la sutil modulación de la temperatura durante el proceso de cocción, modulación de la que, aparentemente, eran maestros los antiguos artesanos españoles. Los conocimientos en los que estaban interesados no estaban escritos de forma que fuimos visitando, uno a uno, los muy escasos talleres para hablar con los artesanos, la mayoría jubilados y sin conciencia del valor de sus saberes hacer. Es más que probable que nadie, excepto los ingenieros japoneses, se haya preocupado en España de sistematizar estos conocimientos que podrían servir para su reutilización en nuevos procesos productivos. Casos similares se pueden encontrar en el campo de la fabricación tradicional de instrumentos musicales, de alimentos, de materiales de construcción, en un sinfín de estrategias constructivas insertables en el diseño de edificios sostenibles,  o también en el campo de la ganadería (por ejemplo la cría de las viejas ovejas merinas castellanas muy apreciadas por la industria lanera australiana). El modelo de desarrollo oriental se basa, en gran medida, en esta capacidad de asimilación y de adaptación de conocimientos generados en espacios tradicionales a los procesos productivos modernos.  Ejemplos parecidos se podría encontrar, también, en el sector de las transformación de alimentos que pueden nutrirse de una rica y diversa tradición culinaria. 

2.1.2 Espacios modernos

El sector “moderno” de la sociedad española -y de todo el sur de Europa-  también han generado cantidades significativas de recursos, bien en las empresas privadas, bien en el espacio público.  Esta reserva de conocimientos, de capacidades laborales y de motivaciones subjetivas represetan un potencial productivo extraordinario que puede ser “arracimados” productivamente.

Treinta años de Estado del bienestar han generado 8 millones de personas con estudios superiores o doctorado que representan casi el 40% de la población activa española. Sólo  algo más de la mitad (4,5 millones) estén incorporados en 2013 a la población activa (datos para 2013). El resto (3,5 millones de personas, la mayoría en la mejor edad de trabajo) están fuera del mercado de trabajo o desarrollan en el sector sumergido de la economía actividades que están muy por debajo de sus cualificaciones y de su potencial productivo (INE vv.aa). Algo similar se puede decir de los “trabajadores cualificados” con una larga experiencia laboral en empresas privadas (empresas metalmecánicas, de servicios especializados, instaladores o empresas del sector de la construcción) y públicas (hospitales, centros de formación, ayuntamientos, diputaciones provinciales, parlamentos regionales) que les ha permitido acumular saberes-hacer prácticos, conocimientos organizativos y saberes  estratégicos relevantes para la organización de nuevo tejido productivo. El transporte de cabotaje, la producción de buques especializados de menos tamaño y la construcción de intercambiadores mar-vía a lo largo de la costa española podría darle una salida a miles de trabajadores del sector naval y de la construcción que hoy hacen cola delante de las oficinas de empleo.


2.2 Por su valoración 

En el actual debate sobre recursos prevalece el (mejor: “un determinado”) pensamiento económico que lleva a subordinar sus características cualitativas a su posible o hipotético valor monetario. Esta perspectiva no tiene capacidad de explorar aquellos recursos que, o no son monetarizables, o cuyo “valor” va mucho más allá de su coste económico a corto plazo. Las investigaciones recientes están demostrando que el pensamiento económico tradicional se hace insuficiente para valorar el potencial de desarrollo de muchos “recursos intangibles”, incluida su aportación al desarrollo económico. Primero porque el cálculo de su rentabilidad económica debería incluir muchos aspectos reproductivos que no se reflejan en la contabilidad económica -pública y privada- pero que acaban repercutiendo positivamente sobre ella (por ejemplo el ahorro de dinero público o el control del delito debido al mantenimeinto de las redes de solidaridad familiar). Y segundo porque muchos recursos no pueden ni podrán ser nunca traducidos a valores económicos a pesar de lo cual tienen o pueden tener un valor también económico-productivo. A esto se suma la imposibilidad de valorar económicamente tanto un sinfín de recursos naturales (por ejemplo bosques, riqueza ornitológica y paisajística etc.) como un sinfín de recursos acumulados por la historia cultural de los pueblos (tradiciones populares  religiosas, diversidad cultural y etnográfica, lenguas etc.). 

2.2.1 Recursos no (fácilmente) valorables económicamente

Los saberes hacer tradicionales, el acerbo cultural, natural o paisajístico de las regiones que se han ido conformando a lo largo de los siglos, hoy se presentan como “regalos” del pasado transformables en activos (re)valorizables. Hay muchos recursos que se han ido conformando en los espacios premodernos de la sociedad sin que nadie haya reparado en ellos o los haya identificado como tales o lo haya hecho en un sentido simplificado  (flora y fauna, acerbo culinario, tradiciones culturales, técnicas agrícolas y ganaderas etc.). Esto no afecta sólo a tecnologías, herramientas, propiedades naturales o paisajes sino también a cosas más difíciles de indentificar como las relaciones sociales (relaciones entre personas y empresas, espacios de comunicación laboral, grupos de trabajo, confianza acumulada etc.) Así, por ejemplo: la participación ciudadana no se adquiere en el mercado, no hay que “pagar por ella”, no es posible imputarle un valor económico pero puede tener importantes consecuencias económicas. Bien en las empresas (las empresas participativas suelen ser más eficientes a largo plazo y en un sentido más completo) bien en el espacio público. Por ejemplo: el control de ciertos delitos económicos muy costosos para la sociedad -la corrupción o la financiación ilegal de partidos- se mantienen mejor a raya a través de la participación  ciudadana en la vida social. Esto permite preservar mucho mejor recursos públicos escasos (por ejemplo recursos administrativos, urbanísiticos o dinero público en general), todos ellos imprescidibles para generar tejido productivo. Identificar relaciones sociales, culturas organizativas, saberes hacer no formalizados etc amplía las posibilidades de crear nuevo tejido productivo.

2.2.2 Recursos valorables económicamente

Hay muchos recursos que han costado dinero -sobre todo público- pero que la crisis  ha expulsado de la esfera económico-productiva. Hoy dichos recursos, muchos tomados prestados por el Estado por medio del endeudamiento público o resultado de las inversiones de las empresas en “capital humano”, no están siendo utilizados.  Las cualificaciones adquiridas en sistemas educativos reglados (especialidades teóricas, técnicas y aplicadas), pero también aquellas otras acumuladas informalmente a lo largo de la vida laboral y que, sin resultar valorables económicamente en sí mismas potencian el “valor económico” de las cualificaciones regladas. El desempleo las ha expulsado de la actividad productiva, pero eso no quiere decir que las haya destruido si bien se van debilitando a medida en que va alargándose la situación de desempleo. También las patentes adquiridas pero subutilizadas o amortizadas, las herramientas y la maquinaria que ahora se vende a precio de saldo en las tiendas de “cash & carry” y, en general, las inversiones realizadas pero no amortizadas a causa de la crisis o del cambio sectorial, incluidos todos los activos intangibles relacionas con ellas, son utilizables tras su recombinación productiva

La instalación descentralizada de placas solares generaría a corto plazo en España, y sin tener que realizar apenas inversiones, al menos 300.000 puestos de trabajo directos de cualificación media y media alta a lo largo de un mínimo de cuatro años. A esto habría que sumarle un número indeterminado de puestos de trabajo destinados a mantener, actualizar, comercializar y reparar este tipo de instalaciones pequeñas y de tamaño medio. Al requerir de cualificaciones prácticas de dificultad media, puede dar trabajo inmediato a muchos de los 200.000 trabajadores especializados vinculados a la construcción ( “Trabajadores de acabado de construcciones y asimilados, pintores etc.” y  “Trabajadores en obras estructurales de construcción y asimilados”) que  han sido arrojados al desempleo por la crisis, muchos de los cuales aun conservan sus herramientas, automóviles, contactos con antiguos clientes etc. La mayoría son/eran asalariados de PYMES o trabajadores por cuenta propia (preferentemente en Levante, las Islas y la periferia de las grandes ciudades). Su orientación política conservadora puede erosiones si la propuesta va acompañada de un programa de financiación pública subordinada a la creación de formas  cooperativas y mutualidades de producción.  Algo parecido se puede hacer en el sector de la construcción que, impulsado por normativas de obligado cumplimiento destinadas a mejorar la eficiencia energética de edificios, podría generar una gran cantidad de empleo local ya perfectamente cualificado y sin necesidad de realizar inversiones importantes. A este grupo de recursos vaporables económicamente se puede sumar el de los solares, terrenos y edificios ya rectificados o construidos, pero que no tienen ningún aprovechamiento en la actualidad. La creación de huertos urbanos, destinados a satisfacer necesidades inmediatas de la población, es un buen ejemplo.


2.3 Por el efecto de su uso


La discusión ambiental asocia la palabra “recursos” a su destrucción: utilizar recursos naturales es, casi siempre, sinónimo de destuirlos. Esta destrucción es, o bien irreversible (por ejemplo la de un ecosistema o la desaparición de una especie) o bien no lo es (por ejemplo la posibilidad de repoblar un monte con especies autóctonas, de limpiar una playa o de mejorar la calidad del aire de una ciudad). La apuesta por un “desarrollo sostenible” consiste precisamente en contrarrestar ambas formas de destrucción de tal forma que la tasa de regeneración con sobrepase la tasa de destrucción. Sin embargo, si se amplía el concepto de “recursos” se impone otra realidad mucho más compleja pues no todo se destruyen con su uso. Todo lo contrario: muchos recursos se “reparan” o “preservan” precisamente gracias a su uso, y otros incluso aumentan en cantidad y calidad. Por tanto los recursos no son sólo condiciones -por ejemplo naturales, tecnológicas o económicas- que hacen posible la actividad productiva. Además son el resultado de la acción social, del trabajo y también de la actividad productiva, factores que los multiplican. Esto contradice el paradigma de la escasez que  ocupa un lugar central en la teoría económica dominante y que conduce a diagnósticos completamente equivocados de la crisis (“hay que ahorrar para equilibrar el presupuesto público porque los recursos son escasos”). No  es verdad que los recursos financieros disponibles sean escasos, tampoco es verdad que la actividad productiva se pueda basar en el paradigma de los “recursos limitados” pues esta los multiplica continuamente. Hay, en cualquier caso, dos formas bien distintas de utiliar toda clase de recursos : o bien de forma “eficiente y ahorradora” o bien de forma “derrochadora” (Manfred Moldaschl). El uso efectivo que se haga de un determinado recurso influye, por tanto, sobre su propia naturaleza: un recurso que potencialmente puede aumentar con su uso también puede disminuir con el mismo si se utiliza de determinada forma. Por ejemplo: la fuerza de trabajo se regenera con su uso y además genera más valor del que ella misma cuesta. Pero si se traspasa un determinado nivel de intensidad del trabajo, si no se reproduce convenientemente (por ejemplo con tiempo libre) o si no se inserta en una determinada estructura organizativa, empieza a degradarse hasta desaparecer. 

2.3.1 Recursos que se destruyen con su uso

Muchos recursos naturales que se han ido creando a lo largo de millones de años de desarrollo natural en los países del sur de Europa han sido destruidos por el modelo de modernización elegido. Pero no sólo  La “colonización capitalista del sector tradicional” es una enorme escenario de destrucción también de recursos culturales e “intangibles” de todo signo. En España, el capitalismo inmobiliario y los procesos de modernización formulados por las élites franquistas y postfranquistas, ha provocado una  gran destruccón  de recursos culturales, y el problema nacional español tiene mucho que ver con la destrucción de lenguas muy asentadas. Las políticas neoliberales son altamente destructivas en este sentido pues muchos de estos recursos, o no tienen precio o su preservación es más costosa que los rendimientos que puede generar, sobre todo si se hace un cálculo de dichos costes basado en el corto plazo. También la salud humana se puede ver afectada cuando la intensidad en el trabajo traspasa un determinado umbral, muchas veces imposible de definir con precisión. Esta clase de recursos deberían quedar fuera de un proceso de recomposición productiva. Sin embargo dichos recursos admiten un uso distinto que puede llevar no a su destrucción sino a su conservación o incluso a su multiplicación.

Numerosas comarcas españolas tienen un enorme potencial forestal que no se presta a su explotación industrial a gran escala (por ejemplo para la fabricación de papel o de muebles).  Por otro lado, las instalaciones de combustión con una potencia térmica nominal superior a 20 MW eran en 2008 responsables del 21,7% de las emisiones con efecto invernadero de forma que su sustitución por sistemas descentralizados de generación reduciría la factura energética responsable de una buena parte del déficit comercial del país. Esto contribuiría a reducir las emisiones de gas invernadero a un ritmo de 4 toneladas de CO2 por cada 4 kw de potencia instalada, podría generar, con políticas de concienciación, una caída drástica del gasto energético de instituciones, familias y PYMES, y reduciría la dependencia de la sociedad de las multinacionales de la energía. Pero no sólo. Además crearía un número importante de puestos de trabajo estables en los entornos locales, vinculándolos al tratamiento sostenible de los recursos  forestales locales, tratamiento del que pueden salir numerosos aprovechamiento productivos adicionales de los mismos. 

La actual situación de emergencia económica coloca a la sociedad en una posición mejor para forzar una estrategia energética así frente a los intereses de las grandes plantas productoras: lo que hoy es mantener durmiente un patrimonio por temor a que pueda  destruirse con su uso, puede convertirse en un aprovechamiento sostenible del mismo. Este no sólo aseguraría mejor su preservación -por ejemplo implicando a toda la población en evitar incendios o en la prohibición del uso de motos deportivas- sino que, además, multiplicaría los propios recursos -por ejemplo ampliando la superficie forestal, incentivando la lucha contra las plagas etc- . Es altamente significativo, pro ejemplo, que los bosques menos afectados por los incendios son los de la provincia de Soria. Razón: su madera, de alta calidad crea miles de puestos de trabajo locales y la propiedad de los bosques sorianos no es privada sino comunal.

2.3.2 Recursos que se preservan o aumentan con su uso

Sin embargo, la mayoría de los recursos generados socialmente no se destruyen sino que, o bien se preservan, o bien aumentan con el tiempo.  La experiencia laboral hace aumentar la calidad del los conocimientos teóricos y prácticos, y lo mismo sucede con la confianza o con las redes y la comunicación sociales que decaen cuando no son utilizadas. El paro de larga duracion es, por tanto, muchas cosas, pero ante todo es una destrucción masiva de recursos. La particularidad de la fuerza de trabajo reside precisamente en su capacidad de generar más valor que el de ella misma por medio de su uso, lo cual la convierte en un recurso único (Karl Marx). La participación en el trabajo es una poderosa fuente para la reproducción de capacidades productivas mientras que las estructuras autoritarias sólo sirven, como mucho, para preservarlas sin hacerlas crecer. 

La exposición universal celebrada en Sevilla en 1992 obligó a la formación de numerosos grupos y equipos de trabajo especializados en varias especializadas  (contrucción, telecomunicaciones, transporte, logística etc.), con buenas conexiones nacionales e internacionales, y que dieron excelentes resultados. Tras la clausura de la Expo estos equipos fueron disueltos y sus miembros buscaron una salida individual en su vida profesional con lo cual se predio un importante recurso intangible que habría servido para crear nueva actividad económica: las autoridades no supieron identificar este recurso que desapareció en el momento mismo en el que se disolvieron los grupos.


3. La transformación de recursos potenciales en tejido productivo


Las sociedades del sur de Europa alberan grandes bolsas de recursos de todo tipo utilizables para una recomposición de su tejido productivo sobre bases social- y ambientalmente sostenibles. Muchos de ellos no han sido identificados como tales debido a una determinada forma de entender la modernización, a las condiciones de integración en la Unión Europea y debido al modelo de convergencia nominal impuesto por las políticas económicas nacidas de Maastricht. Pero en los veinte o treinta últimos años también se han generado recursos nuevos que, unidos a los muchos de los “tradicionales” que aún persisten, pueden resultar altamente funcionales para la creacion de nuevo tejido productivo más centrado en el trabajo que en el capital.

La primera tarea de las sociedades del sur es, por tanto identificar esas “bolsas” y adquirir conciencia de su valor, de su potencial y de definir políticas económicas destinadas a tratarlas de forma “eficiente y ahorradora”. Algunos son formalizables y cuantificables, otros no, es decir, sólo pueden ser tratados cualitativamente.

La segunda tarea sería la identificar los aspectos que impiden la transformación de este potencial productivo en actividad productiva real (por ejemplo bloqueos legales, falta de cualificaciones, falta de conocimiento del mercado, falta de redes de comercialización, normativa comunitaria, falta de recursos financieros o tecnológicos , insuficiencias en la gestión etc.) así como la definición de una  estrategia para desbloquear la situación y para procurarse dichos recursos necesarios (financieros, tecnológicos, humanos).

La tercera tarea sería el“arracimamiento” o la combinación de todos ellos a partir de la detección de una necesidad o una demanda social insatisfecha -bien posible, bien real. Algunas técnicas como el Quality Function Deployment o los estudios estratégicos realizados por gabinetes especializados, puede ser, aquí, de utilidad.

La transformacion de los recursos potenciales de los que dispone una comarca o una ciudad en tejido productivo efectivo no es sólo un problema técnico sino también político. Las autoridades políticas parecen insustituibles  en el proceso. Tienen que organizar un marco institucional, jurídico, fiscal y financiero, aunque tambiéin político destinado a desbloquear las iniciativas. Cada espacio y cada sociedad tiene que hacerlo por su cuenta de acuerdo con sus capacidades, culturas, experiencias etc.. En general,  se puede decir que:
a.               cuanto mejor informada esté una sociedad sobre sí misma, mejor se conozca y mejor conozca también los que sucede fuera de ella, antes y mejor podrá identificar estos recursos y transformalos en activos productivos;
b.             la organización participativa del proceso, es decir, la inclusión de un número significativo de actores genera un potencial mayor de identificación/aprovechameinto sostenibles de recursos que si lo hace en exclusiva un grupo de especialistas;
c.              La puesta en común de recursos es necesaria para superar la cultura de la pequeña propiedad que representa un impedimento importante a la detección y el parovechamiento de toda clase de recursos. La creación de cooperativas, redes de distribución, bancos de recursos -sobre todo de recursos técnicos o de consultoría- parece imprescindible. 
d.             Muchos procesos de recomposición de tejido productivo pueden y deben iniciarse al margen de la grandes políticas económicas. 


Dos ejemplos

1. Un pueblo hoy ciudad-dormitorio

Un pueblo próximo a Madrid con ingentes recursos forestales y una envidiable riqueza ornitológica, una producción olivarera tradicional de alta calidad y varias variedades autóctonas de uva muy valorada en tiempos pasados, se sorprende cada vez que ornitólogos extranjeros vienen de visita simplemente para observar aves, cuando averiguan que su uva ha servido para producir vinos blancos a la casa real desde el siglo XVI o cuando su aceite gana concursos internacionales. No hay una infraestructura apropiada para atender a este turismo ornitológico (excepto un hotel caro y poco conectado con la naturaleza). los caminos forestales sólo son utilizados por las motos deportivas provocando incendios periódicos, la cooperativa de vinos intenta competir en precio con las grandes bodegas de Valedepeñas que producen un vino más barato pero de peor calidad y el molino de aceite de propiedad cooperativa, apuesta por exprimir la oliva en caliente sacrificando la calidad en favor de la cantidad. El principal problema de esta localidad no es la falta de recursos, sino la falta de conciencia del potencial de desarrollo basado en su aprovechamiento que incluyen otros problemas no estrictamente económicos que empujó a su alcalde a transformarla en ciudad dormitorio para personas con trabajo en Madrid y a apostar masivamente por un sector de la construcción altamente agresivo con el paisaje y los recursos no renovables. Esta apuesta obligó a construir una autovía de alta velocidad incumpliendo las recomendaciones de los expertos españoles y europeos en protección ambiental.  El desarrollo de la red pública de enseñanza ha elevado rápidamente las cualificaciones de la población local, sobre todo la de las mujeres, y un fuerte cambio cultural. Sin embargo, la construcción ha alimentado la cultura del dinero rápido -preferentemente masculina- cada vez más enajenada del patrimonio local y cada vez más vinculada al gran consumo industrial que se fue adueñando del pueblo con la construcción de carreteras de alta capacidad. La desigualdad en el acceso a propiedad del suelo, que impide hacer un vino de calidad -el suelo de la pequeña parcela es de más calidad que el de la grande- y los viejos enfrentamientos entre familias, que se remontan a la guerra civil, han imposibilitado los consensos para abordar la situación colectivamente. La crisis de la construcción ha tenido efectos devastadores sobre el empleo y el aumento del precio de la gasolina y la caída del precio de los alquileres en Madrid, le está restando atractividad a su su condición de ciudad-dormitorio. Sólo las autoridades locales podrían impulsar una reorientación radical del su modelo productivo basado en la identificación de los propios recursos y de un tratamiento sostenible de los mismos. 


2. La ruta de la Mesta

El Camino de Santiago se ha convertir en una forma sostenible y barata de turismo basada en la práctica del ejercicio físico, el disfrute de la naturaleza y el descubrimiento del acerbo cultural del país. Sus principales beneficiarios son las clases con menos recursos y los municipios apartados que se benefician de unos ingresos modestos aunque relativamente regulares. Este formato podría servir para desarrollar un "CAMINO DE LA MESTA", algo así como una versión laica del Camino de Santiago basada en el aprovechamiento y  la recuperación de recursos culturales y ambientales -tangibles e intangibles- acumulados a lo largo de miles de años de vida natural y de cientos de años de vida social asociado a la actividad ganadera extensiva. La idea es diseñar una serie de rutas que sigan la trayectoria de las viejas cañadas, es decir, de sudoeste (campiñas extremeñas) a nordeste (pastizales sorianos) y que atraviesan varios cientos de kilómetros peninsulares; de crear pequeños alojamientos e infraestructuras rurales para los caminantes; de recuperar la fauna y la flora que ha proliferado históricamente alrededor de la ganadería; de recuperar tradiciones populares no tangibles, pero también edificios, pueblos abandonados, tecnologías e infraestructuras relacionadas con la rica cultura de la mesta, algunas de ellas potencialmente utilizables para generar tejido productivo adicional. Las rutas de la Mesta son el origen de la producción lanera que sirvió para financiar el gótico y parte del románico castellano (catedrales de Plasencia, Toledo, Segovia etc) de forma que esta forma de turismo también generaría recursos en ciudades de tamaño medio puesto que la Mesta pasaba por ellas. Pero sobre todo lo haría en pequeñas poblaciones rurales en las que esta iniciativa podría tener un efecto multiplicador basado justamente en "otra forma de vida y de ocio". Además, la posible creación de tejido productivo local a pequeña escala pero muy repartido podría permitir nuevas combinaciones entre actividades primarias-secundarias y terciarias con capacidad de darle una vida mínimamente diga a no pocas familias. La ventaja con respecto al Camino de Santiago es que, no sólo no le hace la competencia, sino que por razones de estacionalidad, geográficas o incluso "culturales" representa un complemento de aquel (las cañadas sorianas son una buena alternativa para el verano, las campiñas extremeñas para el invierno). La hoja de ruta sería, por ejemplo: a.) sentar a las administraciones potencialmente afectadas e interesadas, b.) crear un comité  técnico- y científico, c.) ganar la participación del tejido ciudadano activo -asociaciones culturales locales, iniciativas- d.) crear un comité estatal de coordinación en el que estén representados municipios, consumidores, ofertantes de servicios y comunidades autónomas etc.  Los recursos financieros requeridos son escasos, las competencias técnicas y manuales más que abundantes.

4.  Conclusiones


Las sociedades del sur han apostado por una modernización basada en un modelo insostenible de integración europea. Es verdad:  no sólo han obtenido desventajas de él pues ha generado muchos recursos nuevos. Sin embargo su  resultado a medio plazo ha sido devastador. Su desplome, y la situación económica y financiera creada, obliga a sus países a explorar sus dichos recursos así como otros que ya existían, para transformarlos en un tejido productivo con capacidad de crear trabajo mínimamente digno y sostenible. Es necesario definir y explorar estos recursos de forma amplia y sistemática para entender su potencial productivo, su relación con la apuesta por un desarrollo sostenible y para “arracimarlos” en proyectos económica- y socialmente viables. El objetivo principal es desarrollar los mercados locales, aunque no se puede descartar un aumento de las exportaciones basado no tanto en una competencia en salarios, como en activos y recursos hoy no identificados: la propuesta del Camino de la Mesta podría atraer, por ejemplo, a no pocos visitantes extranjeros. Aún cuando sea necesario que todos los países de la Unión Europea, tanto los tigres exportadores del norte como los países importadores del sur,  desarrollen sus  mercados internos, eso no es incompatible con la apuesta por una construcción europea basada en los principios de la solidaridad y de la  distribución. Lo que es evidente, en cualquier caso, es que no es suficiente redistribuir los excedentes generados en las plantas productivas del norte, sino que hay que redistribuir las propias capacidades productivas dentro de la Unión Europea.  Hay que forzar a las autoridades europeas a que faciliten esta última distribución. De ella no sólo depende la viabilidad del proyecto de integración europea sino la propia democracia política en la mayoría de sus países. 


Madrid, septiembre 2013

 














[1] “Los poderes públicos promoverán eficazmente las diversas formas de participación en la empresa y fomentarán, mediante una legislación adecuada, las sociedades cooperativas. También establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción” (Art. 129.2) y “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación” (Art. 47)

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