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sábado, 19 de mayo de 2012

La convergencia antineoliberal: estado de la cuestión (Primera Parte)



Los asistentes a la última reunión en Bruselas del Partido de la Izquierda Europa, procedentes de más de veinte países y organizaciones políticas, movimientos sociales y sindicatos, se llevaron el siguiente diagnóstico y la siguiente tarea a su casa: a.) la situación en Europa es extremadamente grave y es muy poco probable que regresemos a la situación anterior a la crisis: hay que mirar hacia delante; b.) Los cambios económicos y políticos pueden generar dinámicas impensables hasta hace muy poco tiempo:  pueden ir  tanto hacia la izquierda como hacia la derecha;  c.) Hay que hacer todo lo posible para hacer “converger” -esta fue la palabra utilizada una y otra vez- a los diferentes poderes opuestos al neoliberalismo: las organizaciones políticas, el trabajo organizado y los movimientos sociales tienen que aunar esfuerzos pues ninguno de ellos es suficiente; d.) esto sólo es posible si se contruyen hegemonías antineoliberales, no únicas o unilaterales, sino compartidas y plurales (ver el resumen de Pierre Laurent, Presidente del Partido de la Izquierda Europa  aquí: https://www.dropbox.com/sh/tyzbf7ljan9xbex/SwVPlSK4cz).  ¿Cuál es el estado de la convergencia en el Estado Español, cuáles son los bloqueos y como superarlos en el actual momento de urgencia?


Las “Mesas Ciudadanas de Convergencia y Acción Social”,  nacidas en febrero de 2011, se adelantaron a esta estrategia y a este  diagnóstico. Desde entonces se han producido cambios dentro de cada una de estas tres columnas de la oposición hispana al neoliberalismo. Se ha avanzado hacia la  convergencia, pero también se han dado pasos atrás. Hay aún demasiada gente que sigue tocando el arpa mientras Roma arde por los cuatro costados, que piensa que el futuro es una continuación del presente o que los espacios ajenos son mucho menos importantes que los propios. Hay peligro de que la idea de convergencia sea reducida a actos protocolarios destinados a enmascarar sectarismos. Y también está clara una cuestión: ni la inercia económica, ni la inercia política empujan automáticamente hacia la convergencia. La mayoría de la ciudadanía azotada por la crisis intuye su necesidad, pero esto no es suficiente para que se produzca. Sin un esfuerzo nuevo o añadido por parte de todas las partes no se van a imponer una dinámica de convergencia lo suficientemente importante y rápida. Cada una de las tres columnas tiene que hacer sus deberes: desbloquear sus propios bloqueos, aislar a los que, dentro de sus propias filas, se oponen  -de forma activa o pasiva, callada o explícita- a la conformación de un bloque social, político y cultural con capacidad de tumbar al neoliberalismo.

Los movimientos ciudadanos
Tienen tres focos: el 15-M, las ONGs y las asociaciones de vecinos. El 15-M ha provocado el acercamiento de gente nueva, sobre todo jóven, a un polo antineoliberal y lo ha hecho visible en las plazas. Ha conseguido hacer más “transversales” algunas luchas especializadas que ya se libraran dentro de iniciativas particulares y ONGs (contra los desahucios, contra los mercados financieros desregulados, , contra la banca etc.). Sobre todo  ha  conseguido colocar en la agenda de los medios de comunicaicón, de los partidos y de los sindicatos una serie de temas nuevos o una forma distinta de enfocarlos. Esto ha  ampliado la hegemonía de las fuerzas antineoliberales aunque sería un error considerar el 15-M como un movimiento políticamente uniforme. Se ha ido decantando hacia la izqueirda en algunos lugares como Madrid  pero en otros sigue siendo ambiguo.  La tendencia a reducir los objetivos a los medios democráticos como respuesta a la vieja subordinación de los medios a los objetivos (“lo importante es ser democráticos, lo secundario es decidir  con qué objetivos”) es aún fuerte. Algunas “secciones” del 15-M muestran una gran oposición a acercarse a las dos columnas restantes: bien por desconocimiento -muchos jóvenes está lejos de los sindicatos simplemente porque no conocen el mundo laboral-,  bien porque algunos de sus “líderes” buscan el cálido poder de la capilla, bien por razones políticas más elaboradas (por ejemplo: “la participación directa es la única forma legítima de participación ciudadana”). Aquí hay una lectura de las instituciones que se conciben no como campo de lucha, sino como armas del enemigo. Otro problema es la tendencia a sobrevalorar sus fuerzas, algo que pasa también en el seno de las otras columnas. 
Sólo hará una aportación decisiva a la lucha contra el neoliebralismo si el 15-M consigue extender su influencia más allá de los círculos antineoliberales que ya existían antes (ejemplo Patio Maravillas en Madrid o foros sociales). La mayor limitación es, junto al problema de la indefinición ideológica y la tendencia a convertirse en un movimiento sólo cultural, su intermitencia y la dificultad de mantener la participación de las personas con trabajo y obligaciones domésticas.  Aunque el 15-M va más allá de las plazas: ha generado espacios de intercambio de información en la red con capacidad de hacerle frente a los medios de información convencionales, es decir, ha creado una opinión pública alternativa. Ahí radica su mayor su principal  poder: es un “poder blando” pero infiltrante y además es relativamente estable. 
Las ONGs como ATTAC, Ecologistas en Acción, Asociaciones de Solidaridad de todo tipo reunen a bastante gente, sobre todo en las (grandes) ciudades. Los profesionales urbanos están sobrerepresentados en ellas aunque la mayoría se limita a pagar cuotas y muchas veces son dos o tres personas las únicas realmente activas.  Sus luchas son monográficas, lo cual genera una fuerte tendencia a aislarse del conjunto aún cuando muchas de  estas asociaciones hagan reflexiones globales muy importantes  (por ejemplo: "no hay democracia política posible si no se regulan los mercados financieros" etc.). También tienen ventajas y defectos. Por un lado concentran a gente muy especializada y competente que pueden elevar el nivel político y “técnico” de las fuerzas antineoliberales, tienen una estructura organizativa estable que les permite perdurar en el tiempo aún cuando la participación de sus miembros sea muy intermitente. Pero lo que domina es el pago de cuotas,  la organización de actos informativos y, de vez en cuando, una acción directa. Estos son  cosas  importantes pero su alcance es limitado. 
Las asociaciones de vecinos tienen una dimensión territorial y están más conectadas con las clases populares que las dos anteriores. Forman un eslabón importante entre los movimientos sociales y la lucha institucional y sindical, en el primer caso vía participación en los consejos municipales, en el segundo vía solamiento personal que tiene su origen en la transición política: no habría que subestimar la importancia de estos puentes.  Sin embargo  muchas asociaciones no sólo no tienen un programa antineoliberal, sino que necesitan evitar su politización si quieren conjurar el peligro de división, con lo cual su alcance es limitado. Sólo aquellas creadas en los años de la transición y normalmente en los barrios populares, tienen una vocación antineoliberal clara. El 15-M las ha reavivado en beneficio mútuo, sobre todo debido a su conexión con el territorio que enlaza con la idea de la “ocupación de plazas” propia de aquel. 
 Conclusión:  contra la sectarización, por una autonomía coordinada 
En el último año hemos asistido a la ampliación del poder de los movimientos ciudadanos. No se trata de un poder tangible como el que se desprende de los votos o de las afiliaciones, sino un poder más inasible o blando que ha conseguido estabilizarse y que se suma a una mayor o menor convocatoria de manifestaciones, así como a las asambleas en las plazas ahí donde estas se mantienen. La condición para que refuerce el campo antineoliebral es que no se sectarice, que no se aisle del grueso de la población (“mejor pocos pero puros”), que no se reduzca a un movimeinto sólo contracultural o que desarrolle un discurso general políticamente esteril (“todos son lo mismo”, sólo la “gente” cuenta, “los sindicatos son nuestros enemigos” etc.). No es necesario que se “unifique” ideológicamente para evitar todo esto, pero sí que al menos consensúe un rumbo general en un sentido antineoliberal y que desarrolle una comunicación fluida con el resto de las fuerzas antineoliberales. Una parte de los activistas del 15-M no se van a incorporar nunca a un proyecto así debido a su rechazo -muchas veces por causas personales, otras con sofisticadas teorizaciones detrás-  a las otras dos columnas. Pero una parte -probablemente mayoritaria- de los participantes, los más sensibles al tiempo que viviemos, parecen ganables para un proyecto así. Hay peligro de que los sectores más sectarios se hagan hegemónicos, como  suceder a menudo con estos espacios donde la “gente” son aquellos que tienen un tiempo infinito para deliberar en las plazas y que no tienen que trabajar porque viven con sus  padres o están  jubilados.  Pero esto no tiene que suceder necesariamente pues en el núcleo de dichos movimientos hay muchos activistas que no apuestan por su sectarización.  En cualquier caso: la única forma de incorporar estos movimientos a un bloque de poder es preservando su autonomía relativa y que sean tratados como “partners” antes que como una masa de maniobra de actuación por parte de los poderes más organizados (partidos y sindicatos). 

2 comentarios:

Juan María Cisneros dijo...

Considero que haces un análisis muy interesante. Encuentro que falta una estrategia de actuación para "Mesas". Creo que la necesidad de la convergencia de las izquierdas es muy urgente y (¿soy optimista?) bastante posible. Para no asustar a los grupos izquierdistas más integrados en los partidos y en los sindicatos no se puede incidir demasiado en la acción directa. Pero pienso que hay que caminar hacia unas formas democráticas más directas ya que la situación sociocultural de las gente y las ´nuevas formas de comunicación social parecen que conducen a una democracia directa de forma imparable. Como te he dicho antes, insisto, aunque así lo vemos muchos de los participantes en los movimientos del 15-M, creo que no debemos asustar al resto del personal de izquierdas más acostumbrados a las democracia representativa y mediatizada.

Armando Fernández Steinko dijo...

Sí, de acuerdo