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martes, 26 de mayo de 2015

Después de las elecciones del 24 de mayo ’15

El desgaste del PP tras las elecciones del 24-M era previsible tanto para Merkel como para Rajoy por mucho que la victoria de Cameron, unos días antes, permitiera soñar instantáneamente lo contrario. Pero hay otras cosas importantes que también han sucedido. Sólo si se abordan hay posibilidades de que el eslabón español de la cadena de la austeridad sea el segundo en romperse tras el griego.

1. La alternativa a la austeridad no va a llegar como una marea imparable que acabará rebosando el vaso del sistema político.  Llegará también como el producto de un avance complejo y cuerpo a cuerpo dentro subsistemas políticos diferenciados, llegará como el cambio en muchas teselas menudas integradas en el gran  mosaico del país real. El desplome político y moral del país es grande, pero España, aunque periférico, es un país capitalista desarrollado y los defensores del status quo tienen muchos más recursos que las oligarquías latinoamericanas.  En las grandes ciudades el mosaico es una realidad que Podemos ha sabido identificar a tiempo, pero el país profundo no es una simple proyección de las grandes ciudades y el neoliberalismo refuerza antes que achica las diferencias entre  territorios y climas políticos. En cada tesela se dan culturas ciudadanas propias que tienen que ganarse, una a una, para provocar el cambio del conjunto. Es un proceso paciente, creativo y delicado que no llegará automáticamente de la mano de la crisis o de ocurrencias estupendas para todos. En Izquierda y Republicanismo he intentado describir los  principales microclimas  o “regímenes de vida y de trabajo” del país: la marea tiene que dar paso a los regímenes porque el país es un mosaico antes que un océano indiferenciado. Por cierto: no hay que confundir el  sentido que le damos aquí a la palabra "marea" con el nombre que se ha dado la izquierda mosaico en algunas capitales gallegas.

2. La obesidad acumulada por los partidos políticos en el sur de Europa llegó con la desmovilización de sus ciudadanos que querían cambios más profundos en los años 1980 y se tuvieron que conformar con una democracia indirecta a través de partidos.  Esta relación entre desmovilización y obesidad partidaria sigue vigente de forma que la participación ciudadana obligará a los partidos  a adelgazar si no quieren perder apoyos. Las organizaciones cerradas  salpicadas de fidelidades personales, carreras personales que se ven frustradas en otros lugares dentro de un país con mucho paro estructural, y cohesionadas con discursos formales y retóricos, están en retroceso. Las organizaciones del sistema necesitan mantener sus cáscaras duras para seguir apuntalándolo, cosa que sólo consiguen si, a cambio, la cosa da para fidelizar a una mayoría social. Pero los partidos que quieren transformar un sistema sin recursos para crear dichas fidelidades necesitan de otra relación entre participación y organización. Tienen que incorporar poros y ventanas para que la ciudadanía entre y salga con facilidad y relegar las cuestiones identitarias a un segundo plano. Esto no excluye la necesidad de núcleos duros compactados con identidades resueltas, pero las organizaciones transformadoras no pueden quedar reducidas a ellos. El partido bisagra “Ciudadanos” ha crecido como rebote del un problema nacional no resuelto que le ha dado una visibilidad insospechada. Pero también ha crecido como rebote de la causa identitaria a la que se aferró personalmente Rosa Díaz. El triste destino de IU en Madrid tiene una lectura semejante.  

3. La condición para que Izquierda Unida pueda aportar algo importante a este mosaico desde sus bastiones pasa por traspasar TODO el poder a Alberto Garzón. Sorprende que los que bloquearon su refundación a lo largo de diez años y los que mantuvieron los ojos cerrados para no ver los  movimientos ciudadanos que irrumpieron en 2011, todavía tengan algo que decir a pesar de incumplir el mandato de aquella Asamblea de Rivas Vaciamadrid. Una organización incapaz de cambiarse a sí misma es incapaz de cambiar el mundo y su pérdida de hegemonía es 100% el fruto de sus propios bloqueos. Los enfrentamientos internos fueron humo falso para no hablar de lo principal: cómo estar a la altura de la realidad que se pretende cambiar.  Esas cosas se pagan aquí y en el resto del mundo. 

 4. No habrá cambio si el PSOE no pierde de forma más clara la hegemonía del  espacio de la “izquierda”. La estrategia tipo marea tiene su techo y romperlo es ampliarla/sustituirla con la idea del mosaico. Esto pasa por construir un referente socialista visible para ampliar el drenaje desde el espacio electoral que aún conserva el PSOE. Los votantes urbanos se conforman con lo que ya ha construido Podemos pero los  votantes de los núcleos urbanos más pequeños aún se apoyan en tradiciones del siglo XX. Alternativa Socialista es ese referente hecho por y para un electorado socialista que resiste en el PSOE antes que irse a Podemos o a Izquierda Unida. A pesar de que pocos han entendido su importancia, ha sacado casi 150 concejales y 18 alcaldes en localidades pequeñas, prácticamente todos en listas propias: sin apoyo, sin medios, con el gigante del PSOE enfrente con ganas de estrangularlo antes de que se haga más grande.  Hay que colocar a Alternativa Socialista en un lugar visible y privilegiado dentro del mosaico del cambio de la misma forma que Esquerra Republicana colocó a Nova Esquerra Catalana, escindida del PSC, en una posición privilegiada en las elecciones Europeas. Con mucho éxito para hacer avanzar en su proyecto independentista. Ser y votar socialista tiene que ser en España incorporarse a un espacio antineoliberal siguiendo los pasos valientes de Oskar Lafontaine: es imprescindible para conquistar el cambio. 
  






          

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